"LOS MODELOS MENTALES DE FAMILIA Y LA EXPERIENCIA ACTUAL"
"NO VEO LA DEMOCRACIA EN MI CASA,
EN EL COLEGIO, EN LA CALLE, DONDE UNO VAYA,
NO LA VEO …"
(joven madre, Valparaíso, 1998)
VALORES, INTERESES Y NECESIDADES
Los modelos mentales surgen de los valores que acuña la sociedad y los cambios sociales surgen de la creación de nuevos modelos mentales. La familia es el vínculo primero del individuo con la sociedad, ésta transmite a sus integrantes lo bueno y lo malo, lo que se acepta y lo que se rechaza, los valores, se transmiten las normas y los intereses que condicionan conductas y contribuyen a configurar aspiraciones, motivaciones que en conjunto contribuyen a la formación de imágenes orientadoras del comportamiento.
Los intereses por un lado se relacionan con los valores y por otra orientan a la acción, de una necesidad surge un objetivo de satisfacción y el interés elabora la estrategia para lograr ese objetivo. Un interés es global cuando impulsa a la acción colectiva y se diferencia en los individuos de acuerdo a sus necesidades particulares, según la edad y la etapa de desarrollo, según la pertenencia a grupos sociales y culturales y de acuerdo al género. Los intereses mantienen vínculos con los valores y al mismo tiempo se relacionan con las necesidades humanas impulsoras de acciones inmediatas.
Los tiempos de permanencia y cambio de los valores, intereses y necesidades son diferentes. Las necesidades cambian con mayor rapidez, cuando una necesidad logra el satisfactor se extingue, dando paso a nuevas necesidades o a la búsqueda de satisfactores diferentes. Los intereses se mantienen durante más tiempo y generalmente son socialmente compartidos, en torno a intereses comunes se conforman los grupos humanos. Los valores tienen un reconocimiento y validación cultural que cohesiona socialmente a grupos humanos más extensos, el cambio de valores generalmente es un proceso lento.
Todas estas categorías son construcciones abstractas: constituyen conceptos, imágenes, ideas con referentes cambiantes y reciben la influencia de los cambios del entorno, son elementos que interrelacionados conforman modelos mentales individuales y colectivos.
Estas dimensiones de análisis de la psicología social vinculan al individuo con su entorno y a partir de ellas se puede conocer e interpretar las construcciones mentales, el imaginario, los modelos mentales y sus manifestaciones en los comportamientos de los individuos y los grupos. Las sociedades establecen un espectro general de valores, intereses y necesidades y al mismo tiempo crean las instituciones para canalizarlas.
La familia, considerada como el núcleo básico de la sociedad, es el espacio donde se reproducen valores, intereses, necesidades, relaciones sociales que permiten definir los modos de convivencia. En la familia es donde se pone en juego lo individual y lo colectivo, lo imaginario y lo real, lo racional y lo emocional. Es la instancia vital donde se manifiestan las nuevas tensiones que introducen los cambios de las sociedades.
LA SOCIEDAD Y LA FAMILIA
El proceso de modernización de la sociedad humana incorpora nuevas tensiones en la vida social y la familia recibe los embates: la competitividad para la inserción de los recursos humanos en el mercado laboral, la necesidad de mayores niveles educacionales, de capacitación y especialización laboral, las aglomeraciones urbanas plenas de congestión vehicular y contaminación del medio ambiente, las amenazas del incremento de diversos tipos de delincuencia, cada vez mas violenta. Estas son algunas de las características del mundo actual, donde se desenvuelven las sociedades y las familias.
América Latina en la década de los noventa está asumiendo cambios insertos en el proceso de la modernización de la sociedad internacional. El imaginario colectivo clama por los valores de la modernidad: por la democracia y la participación ciudadana, por el respeto de los derechos humanos, por la integración social, la tolerancia e igualdad de oportunidades ante la diversidad. Se preocupa de la protección de la naturaleza y el medio ambiente, la seguridad ciudadana y la paz.
Estas propuestas se encuentran frente a frente con el desarrollo acelerado un proceso de masificación de las tecnologías, en particular de los sistemas comunicacionales y por lo tanto con la globalización de la información. Los sistemas de comunicación llegan a amplios sectores de la población, la transmisión de mensajes audio visuales, con los mas diversos contenidos valóricos es profuso, los intereses sociales se diversifican y se crean nuevas necesidades en la población. Este conjunto de cambios parece estar conducido principalmente por la vertiginosidad de los mercados internacionales y nacionales, acompañado por la incertidumbre relativa al rol del Estado y sus instituciones.
Estos cambios tensionan a los individuos y a los grupos, introduciendo complejas reacciones en las relaciones intrafamiliares. Un factor de tensión individual es la sobrestimulación de los sentidos, se reciben imágenes y sonidos con una gran diversidad de contenidos, en un corto tiempo, esto produce el enrarecimiento de la comprensión y el opacamiento del entendimiento. Se agolpan ideas e imágenes sin poder casi llevar a cabo su procesamiento. Los centros emisores de los contenidos de los mensajes orientan sus diversos productos a grupos cada vez más particulares: a la mujer de determinado estrato social, a los niños, a las niñas, al hombre joven, al campesino, al universitario, y de esta manera impactan y capturan mercados específicos, ya sea de consumidores de productos materiales o espirituales.
Los mensajes de la sociedad, a través de un conjunto de leyes y normas o a través de ideas valóricas, discursos o acciones políticas, chocan con la realidad: se clama por la democracia y se encuentra la concentración del poder político en ciertos sectores socioeconómico. La sociedad sostiene una serie de variadas segregaciones: las comunas y los barrios de las ciudades presentan diferente calidad del hábitat, se manifiestan discriminaciones étnicas, de género, de edades; el clamor por la democracia y libre expresión se estrella contra las relaciones establecidas sobre la base de la censura y el acatamiento de órdenes. Existen amplios sectores de la población excluidos de la educación, de la atención a la salud, de la vida cultural, de la recreación y el tiempo de descanso.
Estos elementos estructurales de la sociedad influyen en las familias y contribuyen a determinar las características de las relaciones entre sus integrantes, actualmente los cambios en el entorno son inminentes ¿Cómo perdura la institución familiar?
La familia es reconocida como un valor social, sin embargo las políticas públicas en general actualmente se orientan a los integrantes de las familias como individuos más que a la familia como un sistema de relaciones. A modo de ejemplo: la legislación en Chile ha realizado avances durante los últimos años: recientemente se reconoció la igualdad de hombres y mujeres como persona humana ante la sociedad; estableció la igualdad de condiciones de los hijos nacidos fuera del matrimonio; se permite a jóvenes mujeres embarazadas continuar en el sistema escolar; se imparte educación sexual en los colegios; se brinda apoyo institucional a la mujer y el niño maltratados física o psicológicamente; se asegura la educación preescolar a niños y niñas; se otorga igual responsabilidad a mujeres y hombres para el cuidado de niños hospitalizados; se han institucionalizado programas dirigidos al adulto mayor.
Sin embargo, aún la sociedad chilena no se ha hecho cargo en forma eficiente de temas que incluyen una gran diversidad de valores éticos y religiosos: por ejemplo el divorcio de las parejas, el aborto terapéutico. Aún existiendo programas institucionalizados, tanto del sector público como privado, no se ha logrado el impacto esperado en ámbitos tan importantes como el respeto a los derechos de niños y niñas, detener los altos índices de deserción escolar y la eliminación trabajo infantil, el desempleo de los jóvenes, la igualdad de oportunidades para mujeres jefas de hogar, la igualdad en la calidad de la educación y la atención de la salud, la malnutrición, la drogadicción y el alcoholismo, la prostitución de niños y niñas, mejorar la situación social de las familias rurales. Aún no se logra el reconocimiento adecuado de los pueblos indígenas y de sus propios intereses.
Los cambios de la última década han configurado un entorno amenazante para la población, creando un conjunto de inseguridades a las familias y a cada uno de sus integrantes.
IMPACTOS EN LA SUBJETIVIDAD FAMILIAR
Muchos jóvenes asocian la familia con la estabilidad emocional y económica, sin embargo, actualmente difícilmente esta imagen alcanza realidad: " la familia conforma un espacio de acción en el que se definen las dimensiones más básicas de la seguridad humana: los procesos de reproducción material y de integración social de las personas….. la familia es un espacio en el que se cruzan de manera especialmente intensa las distintas dimensiones institucionales y culturales de la sociedad… se hacen presente los vínculos formales de la legalidad y de la emocionalidad …" . ( Estudio del PNUD- en Chile, 1998)
A partir del estudio de 26 familias de distintos estratos socioeconómicos se definieron las principales fuentes de inseguridad familiar en Chile: en primer lugar aparece el temor a la pérdida del trabajo, luego el miedo a sufrir una enfermedad, al abandono de un cónyuge, el temor al fracaso escolar de un hijo. Sin embargo, tras cada una de estas causas hay otras que dan un sentimiento totalizante de inseguridad que impiden tener certeza de que la familia pueda cumplir los roles de reproducción material e integración social.
Un elemento, como salida a la situación de inseguridad del entorno, según declaran familias de estratos medios es "aprender a vivir de modo inestable".
El trabajo y la actividad laboral en particular, es central entre los elementos objetivos y subjetivos que contribuyen a la formación de la imagen personal, además de significar el medio para realizar la reproducción de las condiciones de vida de los individuos y las familias, es un factor de ubicación del individuo en la sociedad. Una de las paradojas de la modernización de la sociedad, en especial del efecto de las medidas económicas del mercado, es la disminución de puestos de trabajo durante algunos períodos de crisis en algunos sectores de la actividad productiva y los servicio, junto con cambios en los modos contractuales que dejan a los trabajadores en una situación de fragilidad que provoca un profundo sentimiento de inseguridad. Este sentimiento afecta al conjunto de la familia e interviene en el deterioro de las relaciones en su interior.
La educación es un valor de las sociedades modernas y aparece como el factor más importante para lograr mejores condiciones de vida. Cuando se ve amenazada la continuidad escolar de los hijos surge la amenaza de la desintegración familiar y aparece el peligro de la exclusión social. Los padres se esfuerzan por un mejor futuro de sus hijos dándoles mejor educación que la que ellos mismos recibieron para así poder acceder a mejores puestos de trabajo y mejores remuneraciones. El acceso a la educación de buena calidad es posible actualmente sólo para las familias de sectores medios y altos, por lo tanto, socialmente no está asegurada integración y movilidad social para toda la población. La competitividad que puedan alcanzar los recursos humanos está delimitada estructuralmente. Hay escuelas de primera, segunda y tercera categoría, desde la enseñanza preescolar hasta la universitaria. Esta discriminación estructural canaliza a las familias pobres, de clase media y en particular de sectores rurales, a hacer grandes esfuerzos por costear los estudios de sus hijos. En este plano, el imaginario totaliza la educación, no se percibe claramente las discriminaciones estructurales y tensiona en mayor grado a las familias de menos recursos.
Cuando se percibe la incongruencia del imaginario y la realidad surge la frustración y el pesimismo. Las carencias económicas conducen a la deserción escolar de niñas y niños al finalizar la enseñanza básica y más altos aún son los índices en el nivel de enseñanza media. El niño o niña y el joven desertor del sistema escolar por lo general asume responsabilidades económicas en la familia y en el mejor de los casos se convierte en un trabajador que se incorpora en el sector informal y temporal. Muchas veces los hijos pasan a formar parte de los numerosos grupos de jóvenes excluidos socialmente, dedicados al alcohol y a las drogas y a múltiples actividades delictuales.
La familia no está en condiciones de responder al imaginario social institucional de combatir el trabajo infantil. La mayoría de los países de América Latina han firmado los convenios internacionales referentes a la eliminación del trabajo infantil, sin embargo, en la actualidad no hay la posibilidad de cumplir estos compromisos.
La salud es otra fuente de inseguridad para la familia: los altos costos de la atención privada y las deficiencias y déficits del servicio público provocan grandes angustias familiares. A pesar de los esfuerzos que realiza el gobierno, en Chile, a través de programas de inversión en salud preventiva y curativa, éstos no son suficientes para cubrir las necesidades actuales. El temor a la enfermedad incluye a todos los miembros de la familia.
La cohesión interna de la familia es frágil, la modernización impide formar imágenes y lenguajes compartidos, los sentimientos y emociones en el seno familiar son de inseguridad y temor, de allí que frecuentemente se manifiestan estados de ansiedad, de angustia y depresión.
La expresión más generalizada de estos estados psicológicos es la violencia en diferentes grados y modos de ejercerla. Estos factores contribuyen a la expresión de múltiples rupturas internas, tanto de los individuos como de las familias.
Uno de los síntomas de la modernidad es la tensión entre la subjetividad y el sistema social. El sentimiento de inseguridad que surge de la ruptura y exclusión social se encuentra en familias de distintos estratos sociales. Este sentimiento surge a partir del sentimiento de incapacidad para hacer frente a las amenazas de la modernización. La trayectoria de la inseguridad, por el modo como se articulan las condiciones del entorno social y la capacidad de acción de las familias es un proceso dinámico donde los actores trazan sus estrategias, los determinantes sociales delimitan ese espacio en términos de oportunidades y amenazas. Son espacios abiertos, donde por lo general son mayores las amenazas que las oportunidades. En las familias con menos recursos la comunicación a través del lenguaje se debilita y no se visualizan las amenazas ni las oportunidades, las estrategias de acción familiar, cuando existen, se limitan a las necesidades materiales básicas.
La familia actualmente se percibe como una fuente de seguridad amenazada. Está cuestionada su capacidad de generar integración social y seguridad emocional, la dificultad mayor está en gestionar los nuevos desafíos del entorno social sin desintegrarse.
La ausencia del padre o la madre, cada vez más generalizada en las familias de escasos recursos, sobrecarga al progenitor presente de responsabilidades que inducen a nuevas tensiones. Muchas veces son asignadas responsabilidades, en forma exagerada a las hijas y los hijos mayores, independiente de la edad que tengan. Estos hechos crean condiciones para la confusión de los roles y el surgimiento de sentimientos de culpa, frustración y desesperanzas, base para el ejercicio de diferentes formas de violencia.
RELACIONES INTRAFAMILIARES
Los roles difusos y confusos al interior de la familia y la ausencia de límites de las responsabilidades individuales son causales de conflictos. El modelo biparental se contradice con la realidad: se incrementa la inseguridad de la mujer separada, la mujer sola y el hijo "huacho" (nacido fuera del matrimonio), aunque legalmente protegido, es discriminado socialmente. Los hijos, en este medio hostil se vuelcan hacia la calle y los síntomas más comunes son las conductas de desorden público, el consumo abusivo de alcohol y drogas y el embarazo adolescente, no solamente en los sectores sociales más carenciados.
El ejercicio de una democracia limitada y deficiente permite que perduren valores, relaciones y comportamientos acordes con tiempos de autoritarismo, en muchos países de América Latina de tipo militar. Los vestigios de las relaciones autoritarias de la sociedad penetran, desde las calles, a las escuelas, a los centros de trabajo, invaden también las relaciones familiares. El autoritarismo es ejercido entre todos los integrantes de las familias El autoritarismo más el ingrediente de machismo latinoamericano, reforzado por la discriminación de la mujer en muchos ámbitos sociales, hace que la autoridad principal la ejerza el padre - cuando está presente - sobre el resto de la familia. No es exactamente el modelo patriarcal, proveedor y protector, sino la figura que da las órdenes para que los demás las obedezcan. Generalmente las órdenes no son explicadas, no se analiza adecuadamente las conveniencias o inconveniencias de determinados comportamientos o actitudes. La orientación de las directrices es simplemente el ejercicio de la autoridad. El que no obedece es castigado, sin percibir claramente la falta cometida, ni la proporcionalidad entre la falta cometida y el castigo. La mayor parte de los castigos no son educativos.
Cuando el padre está ausente asume la autoridad la madre o algún hijo mayor, los que, aunque exista madre y padre ejercen también su autoridad. No se trata del liderazgo del hijo mayor ante sus hermanos, muchas veces los hermanos mayores pasan del dar órdenes a cometer abusos.
LA RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS
Las escasas posibilidades de ejercer la democracia y la libre expresión al interior de las familias constituyen un hecho poco tratado y estudiado y que en realidad caracteriza actualmente a toda la sociedad. La poca comunicación impide la visualización del surgimiento y la resolución de conflictos intrafamiliares.
Las fuentes de conflictos pueden ser múltiples y pueden manifestarse de diversas maneras, lo que más resalta es que ningún integrante de la familia es capaz de reconocer los elementos que facilitan y condicionan el surgimiento de conflictos y menos aún ven la posibilidad de su resolución.
El conflicto no siempre es negativo, muchas veces constituye un elemento que impulsa el desarrollo de un grupo, puede fortalecer sus relaciones internas y con el entorno. En dependencia de las condiciones intragrupales y externas, el conflicto permite trazar estrategias para lograr objetivos de cambio. Sin embargo, la resolución de conflictos requiere de condiciones objetivas y subjetivas que las familias muchas veces no están en condiciones de crear: es necesaria la participación de todos los integrantes, exige la comunicación, el diálogo, la comprensión, la búsqueda del logro de intereses comunes y la voluntad de "negociar".
Las familias de escasos recursos no pueden, actualmente, diseñar estrategias que las conduzcan al establecimiento de relaciones armónicas, donde se colabore en la satisfacción de las necesidades e intereses de todos, transformándose en un espacio seguro. Este ejercicio muchas veces es impensable en el seno familiar. La experiencia de atención a familias de escasos recursos indica que los síntomas de conflicto se expresan a través de consultas simples, por ejemplo: desobediencias de los hijos, inquietudes motoras de los niños, mal rendimiento escolar, agresividad en la casa y en el colegio. Al análisis clínico de los integrantes de la familia se observa que son frecuentes, en niños, niñas y jóvenes las depresiones, los estados de ansiedad y de angustia, la baja autoestima, la inseguridad y temores diversos.
Estos síntomas en los niños y niñas se dan en un contexto de "desaveniencias familiares": no se toman acuerdos entre los padres, o adultos responsables, acerca de la formación y educación de los hijos, no está delimitado el ejercicio de los roles parentales y filiales, no se conversa siquiera acerca de la distribución de los recursos familiares, hay contradicciones entre los integrantes en la utilización del tiempo, en la formación de hábitos de descanso, en el tiempo de sueño y reposo, en los hábitos de estudio y de alimentación de los hijos.
Los modelos mentales y el imaginario que regulan la vida familiar son cada vez menos eficaces para actuar ante las amenazas y oportunidades para integrar social económica y normativamente a sus miembros. La normativa señala que la familia es la responsable de la gestión y la contención en las crisis de integración, al no poder como unidad enfrentar el entorno se crean sentimientos de culpa en su interior.
Frecuentemente solicitan atención para sus hijos madres que expresan su sentimiento de culpa por no saber cumplir con los múltiples roles, en algunas ocasiones presentan como principal culpable a los hijos menores. Muchas veces la intervención, en estos casos consiste en desculpabilizar las relaciones, sustituyendo la culpa por la responsabilidad que le cabe a cada integrante de la familia ante sus propias acciones y de los otros integrantes. Al no existir comunicación horizontal, ni un imaginario compartido por sus integrantes, la familia presenta una subjetividad extremamente frágil. La intervención de terceros ocurre sólo cuando la familia se ha quebrado bajo el peso de las tensiones producidas, por las responsabilidades sociales y la precariedad de sus propios recursos.
La configuración de una imagen de las situaciones, compartida entre los integrantes de las familias, facilitaría la detección de los recursos disponibles, tanto de ideas, intereses, necesidades, emociones y sentimientos, sin embargo la diversidad de intereses al interior de la familia desarrolla lenguajes difíciles de compartir. El lenguaje y la comunicación dependen de la sociedad misma. Los problemas que deben enfrentar tanto el individuo como la familia, aumentan la sensación de aislamiento o exclusión social y entonces aumenta la inseguridad. En muchos casos las crisis muy puntuales se agrandan cuando se descubren fragmentaciones al interior de la familia.
La imagen de un proyecto familiar requiere por lo general de un agente externo capaz de orientar y aglutinar al núcleo familiar, para poner en escena la imagen de la familia y de ese estado de situación diseñar modelos mentales integrados que conduzcan a la acción y a la interacción con el entorno.
La alianza con terceros aparece como un elemento clave para la superación de situaciones difíciles y de los conflictos intrafamiliares. Las redes de sociabilidad son un elemento que puede hacer de mediador en los conflictos familiares. Las redes pueden ser muy diversas y se requiere establecer vínculos abiertos y de mayor alcance.
Una posibilidad de resolución de las tensiones que surgen de estas paradojas de la modernización de la sociedad, es la inclusión de las familias en el ámbito de la ciudadanía local, la participación en la vida política y social del lugar de residencia, en los espacios donde se encuentran los individuos con los servicios públicos y con diversos ámbitos de participación.
Actualmente la formación de redes sociales, en el nivel de los municipios, distritos, comunas, barrios, o cualquier denominación que tenga el territorio donde se desarrolla la vida familiar, se vislumbra como una vía inserta en el proceso de modernización de la sociedad y representa la instancia de ampliación y profundización de la democracia. Esta es una propuesta concordante con el proceso de descentralización y desconcentración que propone la modernización del Estado, al plantear la necesidad de instalar las instituciones para el servicio a la comunidad en el lugar donde surgen las necesidades sociales. Actualmente, en Chile, el sector público y el privado hacen esfuerzos por llevar sus servicios sectoriales a los niveles locales. Sin embargo, es necesario una reflexión amplia y pública para establecer un nuevo pacto entre la familia y la sociedad, sobre bases de ampliación y fortalecimiento de la democracia, la libre expresión, la igualdad de oportunidades para las futuras generaciones.
Edith Benado Calderón, Santiago, Chile 7 de julio de 1999.
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